Entornos naturales
 
El monte de roble melojo
 

Se encuentra entre la vegetación potencial de estos páramos. Aunque esta especie ocupó una mayor extensión, en el término de Ayuela subsiste una de las masas más extensas y mejor conservadas de la zona.

La explotación de su madera y pastos ha contribuido a que el roble presente casi siempre una talla de monte bajo, integrado por matas con abundantes estolones, dando lugar a un follaje muy denso. Sólo en ciertos sectores encontramos manchas de bosque alto y maduro. Son raras otras especies arbóreas, siendo por contra frecuentes los mazuelos, brezos, endrinos, escobas, gayubas, etc.

Poseen igualmente una gran riqueza micológica, pero sobre todo destacan por la amplia y variada gama de animales, debida a su situación en una zona de transición entre la montaña y las campiñas del sur. Así, entre los mamíferos, abundan los corzos, jabalíes, zorros, gatos monteses e incluso lobos. También es posible observar rapaces como las águilas ratoneras, culebreras y calzadas, los azores o gavilanes, sin que falten las pequeñas aves como el pico picapinos, las abubillas, arrendajos, carboneros y herrerillos.

  Montes del Utero y el Roblón
  Este buen ejemplo de bosque de roble melojo se sitúa al norte de la localidad, sobre las vertientes de los valles del arroyo Valdeayuela y Valdemoral. Por su buen estado de conservación, aún es posible contemplar masas de ejemplares de gran tamaño. El acceso puede realizarse por varios caminos agrícolas que parten del pueblo, como el que conduce a la ermita de Santiago, situada entre la espesura del primero de ellos.
  Area recreativa Virgen del Rabanillo
 

En las inmediaciones de la ermita, tanto en la campa, como en las laderas del altozano donde se sitúa ésta, se han instalado meses y parrillas, y se ha acondicionado un estanque, que configuran en conjunto un agradable merendero entre los robles. Estos presentan aquí portes considerables y junto a buenos ejemplares de melojo encontramos también quejigos y enebros. Dicha dotación y el propio entorno hacen del lugar una magnífica zona de esparcimiento, a la que se accede por el cómodo camino agrícola que desde la localidad conduce a la ermita.

 

 

Los pinares de repoblación
 
 

Abundantes en toda la Valdavia, lo son también en los páramos más septentrionales del término de Tabanera. Estas repoblaciones con coníferas ocupan terrenos antiguamente poblados por robles, que poco a poco fueron desapareciendo ante las crecientes deforestaciones y puestas en cultivo de tierras, el pastoreo abusivo, y la obtención de leñas. Sin embargo, al ser los suelos de estos páramos siliceos, tierras de bajos rendimientos cerealistas, desde los años 60-70 se han ido imponiendo los aprovechamientos forestales.

Al primar la dedicación maderera, la especie de conífera más utilizada ha sido el pino silvestre, dada su excelente calidad y buen ritmo de crecimiento, junto con pinos negral y laricio. Fruto de aquellas plantaciones es la existencia hoy de extensos pinares (con ejemplares que pueden alcanzar los 12 metros de altura), muy densos, lo que apenas permite el desarrollo bajo ellos de matorral, quedando éste reducido a los claros o bordes externos. En estos sectores encontramos enebros, brezos, gayuba, brotes de roble rebollo y quejigo, majuelos, rosales silvestres, etc. que se están viendo favorecidos por las recientes claras practicadas.

Repoblaciones que son conocidas además por su gran riqueza micológica, donde destaca el níscalo, con un aprovechamiento que está superando en la comarca al obtenido por la explotación maderera.

También son abundantes los animales, pudiendo observarse jabalíes, corzos, lobos, gatos monteses, zorros o ardillas, mientras en las altas copas anidan aves como las águilas ratoneras, gavilanes, palomas torcaces, picapinos, carboneros y otras.

Buenos ejemplos de estos pinares son los existentes en los páramos de Bascarrión, que unidos a los de Ayuela, alcanzan una superficie de mil hectáreas, y suponen la prolongación hacia el sur de los más extensos de Villanueva de Abajo y Fresno del Río. Son múltiples los caminos para llegar a ellos, pudiendo recorrerse los casi 5 kilómetros que los separan de Tabanera, por las pistas que desde el alto de Rabanillo conectan con el término de Fresno o con la Ermita de la Virgen del Nido, ya en Pino del Río.